domingo, 14 de agosto de 2016

Jardines Eternos de Lemuria

Jardines Eternos de Lemuria




Jardín de Niebla

(Nebelgarten)


~ I ~

Hexens dementes
Aúllan a través del halo de la noche
El Nifelheim abierto.

Pozo incierto saturado de hados fatuos
oscuridad en el brocal de la vieja Urd
caridad sin certeza del abismo.

Oh, brujas locas que conjuran
en la noche más oscura
a la terrible sombra de la Madre.
Aullidos fantasmales.
Niebla tenebrosa
(y fétida) de la tumba emergente,
que nace de los muertos.

Oh, miasma hedionda envenenando el panteón
dioses pútridos boqueando en busca de aire,
cripta fractálica de la que brota
la risa del Emperador de los Helados.

Inspirados dementes
cegados por la niebla fétida de los muertos.
Oh, dormir en morgues y despertar entre ataúdes.
Oh, sombría caridad del abismo.
Oh, sueño...

Abismo negro de los guerreros,
Mictlán abismál saturado de oscuros
espectros sonrientes que alimentan al Dragón.

~ II ~

Heladas gotas,
lágrimas gélidas del cielo
caen sobre Nebelgarten,
son de las mil tonatzins que perdieron sus xocoyotes
camino al río inmemorial.

Llanto del Tlatoani
canto ancestral.

Costas de marfil de la noche,
asombradas y ennoblecidas,
aliento del abismo corrompiendo la pureza
nacarada de la luna.

Miasmas ascendientes al cielo melancólico de la noche.

Estrellas de rubí en un cielo oscuro
brillantes zafiros en los ojos de la máscara de jade.
Sonriente dios del abismo.
Hijos de la soledad y tiniebla que viajan
rumbo a lo desconocido, en la canoa de Yáotl.

Lanzas afiladas de bruma
zarcillos purulentos,
aliento mefítico
de lengua tumefacta
escupiendo toda la noche
rezos y más rezos
en la playa abandonada.

Padre Sol juró que volvería...

~ III ~

En la hora en que
los asesinos suelen afilar sus navajas
y cargar sus revólver con sus balas de insania,
caminaba una sombra entre el valle de los muertos,
con la tétrica voz del silencio
acunando sus pesadillescos ensueños.

Sombra que ora al pie de la horca
hora negra de silencio,
el jardín cerrado y, de las ramas
miles de hojas de cerezos ensangrentadas,
mil musas suicidadas
cuelgan, ¡Ah, con las lenguas de fuera!
En las ramas del valle nublado.

Cielos oscuros abren sus negruras
al ojo imperfecto de la muerta humanidad.

Estacas de fuego
manando el incienso de la carne muerta.

Jardín de Ceniza

(Aschengarten)


~ I ~

Redes de Noche que pescan
en el negro río del éter oscuro...
Celestial desolación
cielo lleno de nada.

De la nada cantarina que risa tras risa
nos canta rimas que llenan el viento de insania...
Destierro nebular en la calle sola.

Perros de la Noche y aullidos lunares
en la noche de silencio destrozada,
videntes ciegas y drogadas
en largas peroratas
con las almas de los suicidas.

Voces en el río del abismo,
sucia corriente pútrida y mefítica
de abismos y de horas siniestras
en que la hija de la aurora
se cuelga del árbol del trueno.

Cadáveres, miles
asaetados
a las cruces ardientes atados, desparramando sus cenizas mortuorias
en el jardín.

Intoxicación pulmonar con ceniza necrótica
del sonriente jardín muerto
sonrisa de muertes alegres
surcan la noche de silencio pleno.

Vacías cuencas de Mictlanteccíhuatl
me miran aguardando
el momento de mi combustión espontánea.

~ II ~

Los Aesens Bravos surcan en sus corceles de nieve
campos de cenizas y desolados páramos de sueños enfermos,
la cabalgata de los dioses
en un jardín yermo.

Espíritus de la noche acechantes
cenizas en las baldosas de las calles,
la ciudad muerta donde el ídolo aguarda.

Y el suelo tapizado de cenizas de apestados
y las calles cubiertas de esqueletos de los sacrificios
y los callejones de huesos roídos por los descarnados
y los helados entonando canto tras canto
al Dios de las cenizas
al Dios Blanco.

Abismales simas manando brumas funerales
apestosos cadáveres pudriéndose bajo la doble sombra del oscuro sol.

III ~

Insanas visiones en el valle metálico
de la olvidada y onírica ciudad
y las brumas
emponzoñando con el aceite hediendo de los corruptos
el fresco aire del Dios.

Locos monjes muertos danzan
atados a los postes extrañas danzas
bolsas henchidas de blancos gusanos de negras cabezas de lobo.

Saludan y hablan y comentan
con asombro el milagro de la carne muerta.

El dios sonríe pétreo y blanco en el centro de la ciudad
rodeado de cenizas y huesos y cuerpos
pútridos del silencio.

Jardines de cenizas
coliseos pútridos donde
larvas gladiadoras disputan a muerte
la muerta carne del sacerdote huésped.

Huellas del hombre en un terreno ajeno al hombre
reliquias huesudas
labradas en humanas osamentas.

Espectros agusanados del pasado.
Linfa hedionda y pútrida
oh, caldo infame de la muerte.
Oh, dios vengativo y silente.

La Gorgona ha cobrado nuevos devotos
en los ojos ansiosos de los aesens aprisionados.