Jardines Eternos de Lemuria
Jardín de Niebla
(Nebelgarten)
~ I ~
Hexens dementes
Aúllan a través del
halo de la noche
El Nifelheim abierto.
Pozo incierto
saturado de hados fatuos
oscuridad en el
brocal de la vieja Urd
caridad sin certeza
del abismo.
Oh, brujas locas que
conjuran
en la noche más
oscura
a la terrible sombra
de la Madre.
Aullidos fantasmales.
Niebla tenebrosa
(y fétida) de la
tumba emergente,
que nace de los
muertos.
Oh, miasma hedionda
envenenando el panteón
dioses pútridos
boqueando en busca de aire,
cripta fractálica de
la que brota
la risa del Emperador
de los Helados.
Inspirados dementes
cegados por la niebla
fétida de los muertos.
Oh, dormir en morgues
y despertar entre ataúdes.
Oh, sombría caridad
del abismo.
Oh, sueño...
Abismo negro de los
guerreros,
Mictlán abismál
saturado de oscuros
espectros sonrientes
que alimentan al Dragón.
~ II ~
Heladas gotas,
lágrimas gélidas del
cielo
caen sobre
Nebelgarten,
son de las mil
tonatzins que perdieron sus xocoyotes
camino al río inmemorial.
Llanto del Tlatoani
canto ancestral.
Costas de marfil de
la noche,
asombradas y ennoblecidas,
aliento del abismo
corrompiendo la pureza
nacarada de la luna.
Miasmas ascendientes
al cielo melancólico de la noche.
Estrellas de rubí en
un cielo oscuro
brillantes zafiros en
los ojos de la máscara de jade.
Sonriente dios del
abismo.
Hijos de la soledad y
tiniebla que viajan
rumbo a lo
desconocido, en la canoa de Yáotl.
Lanzas afiladas de
bruma
zarcillos purulentos,
aliento mefítico
de lengua tumefacta
escupiendo toda la
noche
rezos y más rezos
en la playa
abandonada.
Padre Sol juró que
volvería...
~ III ~
En la hora en que
los asesinos suelen
afilar sus navajas
y cargar sus revólver
con sus balas de insania,
caminaba una sombra
entre el valle de los muertos,
con la tétrica voz
del silencio
acunando sus
pesadillescos ensueños.
Sombra que ora al pie
de la horca
hora negra de
silencio,
el jardín cerrado y,
de las ramas
miles de hojas de
cerezos ensangrentadas,
mil musas suicidadas
cuelgan, ¡Ah, con las
lenguas de fuera!
En las ramas del
valle nublado.
Cielos oscuros abren
sus negruras
al ojo imperfecto de
la muerta humanidad.
Estacas de fuego
manando el incienso
de la carne muerta.
Jardín de Ceniza
(Aschengarten)
~ I ~
Redes de Noche que
pescan
en el negro río del
éter oscuro...
Celestial desolación
cielo lleno de nada.
De la nada cantarina
que risa tras risa
nos canta rimas que
llenan el viento de insania...
Destierro nebular en
la calle sola.
Perros de la Noche y
aullidos lunares
en la noche de
silencio destrozada,
videntes ciegas y
drogadas
en largas peroratas
con las almas de los
suicidas.
Voces en el río del
abismo,
sucia corriente
pútrida y mefítica
de abismos y de horas
siniestras
en que la hija de la
aurora
se cuelga del árbol
del trueno.
Cadáveres, miles
asaetados
a las cruces
ardientes atados, desparramando sus cenizas mortuorias
en el jardín.
Intoxicación pulmonar
con ceniza necrótica
del sonriente jardín
muerto
sonrisa de muertes
alegres
surcan la noche de
silencio pleno.
Vacías cuencas de
Mictlanteccíhuatl
me miran aguardando
el momento de mi
combustión espontánea.
~ II ~
Los Aesens Bravos
surcan en sus corceles de nieve
campos de cenizas y
desolados páramos de sueños enfermos,
la cabalgata de los
dioses
en un jardín yermo.
Espíritus de la noche
acechantes
cenizas en las
baldosas de las calles,
la ciudad muerta
donde el ídolo aguarda.
Y el suelo tapizado
de cenizas de apestados
y las calles
cubiertas de esqueletos de los sacrificios
y los callejones de
huesos roídos por los descarnados
y los helados
entonando canto tras canto
al Dios de las
cenizas
al Dios Blanco.
Abismales simas
manando brumas funerales
apestosos cadáveres pudriéndose
bajo la doble sombra del oscuro sol.
~ III ~
Insanas visiones en
el valle metálico
de la olvidada y
onírica ciudad
y las brumas
emponzoñando con el
aceite hediendo de los corruptos
el fresco aire del
Dios.
Locos monjes muertos
danzan
atados a los postes
extrañas danzas
bolsas henchidas de
blancos gusanos de negras cabezas de lobo.
Saludan y hablan y
comentan
con asombro el
milagro de la carne muerta.
El dios sonríe pétreo
y blanco en el centro de la ciudad
rodeado de cenizas y
huesos y cuerpos
pútridos del
silencio.
Jardines de cenizas
coliseos pútridos
donde
larvas gladiadoras
disputan a muerte
la muerta carne del
sacerdote huésped.
Huellas del hombre en
un terreno ajeno al hombre
reliquias huesudas
labradas en humanas
osamentas.
Espectros agusanados
del pasado.
Linfa hedionda y
pútrida
oh, caldo infame de
la muerte.
Oh, dios vengativo y
silente.
La Gorgona ha cobrado
nuevos devotos
en los ojos ansiosos
de los aesens aprisionados.
