miércoles, 26 de marzo de 2014

Lauressia Ancestralis

Lauressia, La Tierra Ancestrál


BAAL FAUSTO ARAMIZAÉL KURIOZ 

Cuenta la crónica de Norión, que durante los primeros milenios de vida en éste sistema cósmico, el planeta rondaba oscuro, deshabitado y sin nombre en su silenciosa órbita, nada alteraba la inamovible quietud de aquél paramo siniestro.
Hasta que, un día, cuatro resplandores llegaron desde desconocidas negruras ultra cósmicas.
Ellos eran los cuatro hijos del cielo...
Llegaron separados por guerras en algún desconocido sistema estelar, y con ellos, llegó al mundo La Guerra.
Ellos eran sabios y cada uno sojuzgó una sección de aquél mundo apenas moldeado. Las criaturas que habitaban aquellas estepas habían llevado una evolución tranquila e imparable.
Con ayuda de desconocidos rituales y hechizos, los Señores moldearon criaturas consientes y, abandonando a las que no mostraban adaptación, crearon ejércitos terribles, y los primeros poblados comenzaron a ser erigidos.
No sólo ilustraron a esos primeros seres en las artes bélicas, también enseñaron agricultura, perfeccionaron técnicas de caza y pesca, y las primeras sociedades vivían tanto protegidas por sus ejércitos, como bien aprovisionadas por los trabajadores.
Enseñaron el arte, escultura, escritura, canto y poesía así como la música y el teatro.
Durante algunos siglos, la tensión creció pues los choques continuos por terrenos mejores de cosecha o zonas estratégicas militares llevaron a una inevitable guerra.
Mizarión, Emperador de las tierras del Norte bautizó sus dominios como Lauressia.
Lauressia era un continente frío y obscuro la mayor parte del año, lo cual no es de extrañar pues la estrella de procedencia del cruel Emperador, era fría, fue Mizarión también quien usó sus artes rúnicas para moldear la forma y mente de la raza Mannenskyn, los hombres.
Burdigaard, señor de Absyx, la tierra negra del sur, cuyas costas estaban cubiertas por arena gris obscuro ardiente.
Las tierras indómitas de Absyx eran habitadas por seres ígneos y pétreos, seres que ya existían ahí cuando Burdigaard llegó de los abismos del cielo.
Con las artes negras y conjuros terribles, Burdigaard dotó a los Ignes Fatuis de forma moldeable y auto reservable, y los demonios de fuego supieron lo que era la cohesión.
Tallaron en rocas hirvientes, símbolos de poder y horror, erigieron palacios horridos y blasfemos templos en las entrañas incandescentes de la tierra de Absyx, y conocieron la ambición y estrategia, ciegos por las palabras de poder y sabiduría del hijo del cielo, los Absedios primordiales elevaron los puños y armas contra el reino del norte, y Burdigaard sonrió, pues anhelaba derramar la sangre de Mizarión.
Elthariz, la Emperatríz de Etheria, el neblinoso continente del éste.
La Emperatriz eligió las tierras de Etheria por sus elevadas montañas, altos bosques ancestrales y las criaturas que los habitaban, tanto hermosas como salvajes, con las elevadas ceremonias luminosas y la sabiduría de su estrella origen, Etheria conoció las primeras comunidades organizadas. Seres elementales se Alzaron y, con sabiduría y prudencia... Lograron alzar ciudades en las que convivían en armonía perfecta con el entorno mágico y místico que rodeaba a aquellos hermosos habitantes de silenciosas costumbres y hermosos cantos.
Los Ethérians eran de costumbres sencillas, pero artísticas, sus ciudades eran armonías sublimes de arte y sencillez.
El conocimiento ancestral y las artes de genio y creatividad eran las ambiciones de los Ethérians, despreciaban el dinero y riquezas y jamás se alejaban de sus comunidades cada vez mas florecientes de artes y ciencias.
Y por último está Slangdorher, el sanguinario devorador de imperios, sus seguidores provenían de lugares ignotos, de hecho, los tres emperadores restantes atestiguarían que seres de toda la tierra llegarían a unirse a sus filas...
Estalló, y pocos saben las causas, un cataclismo terrible que separó a Lauressia de Gond, quedando muchas áreas de Gond bajó las aguas de un mar primigenio lleno de demonios marinos que ya existían en las aguas cuando los Cuatro llegaron del Cielo.
El señor de Absyx declaró la guerra contra el emperador de Lauressia y dos cuartas partes del mundo habitado chocaron, los Ethérians aislaron su reino en lugares neblinosos habitados por espíritus y sortilegios que lo hacen casi innencontrable salvo para poquísimos elegidos.
Y Slangdorher se alzó sigilosamente, y en una noche de terror y muerte, el reino ígneo de Absyx cambió de manos, y Slangdorher se declaró, señor de lo que ahora conocemos como la desolada tierra de Gond.
Mizarión se enfrentó a Slangdorher con las fuerzas disminuidas, numerosas  hordas conformaban un ejército abrumador y poderoso ante los pequeños Mannenskyn de frágiles cuerpos.
Pero los Mannenskyn poseían un ingenio sin igual, y sobre todo, unidad.
Los ejércitos de Gond avanzaron con paso firme contra Lauressia, pero los rigores del frío y las montañas heladas hicieron mella.
Miles de guerreros del cálido sur sucumbieron en los yermos helados, desiertos desoladores de vacíos y blancos, ya de hambre, de congelamiento, o simplemente ejecutados por los mannenskyn que, cual carroñeros, los aguardaban hasta verlos disminuidos para actuar.
Poderosos colosos terminaron colgados en honor a Mizarión en las albas montañas.
Slangdorher sufrió su primera, terrible y única derrota a manos del Emperador Mizarión, Lauressia y los demas continentes fueron entonces dominados por un solo señor, y los Mannenskyn lo adoraron como Gran Dios Conquistador Supremo.
Fue él, el padre de las veinte Emperatrices Asyndane, dividió su reino con sus hijas y las dejó a crear una sociedad como jamás habíase visto ninguna.
Pero Burdigaard, Elthariz y Slandgdorher maldijeron su estirpe, sus espiritus, caídos y errantes viajaron a través de las eras, y en sus tumbas, aguardaron que el descuido de Mizarión les diera la oportunidad que buscaban.
Ésta, y no otra, es la historia de el alzamiento y caída del imperio olvidado Asyndane, de sus veinte Reinas y de su maldito Emperador, el rey caído.
El primer año de desgracia para los imperios Asyndane fue de desconcierto y temor, el derramamiento de sangre fue tal, que varias villas, pueblos, aldeas y hasta grandes ciudades fueron arrasadas.
Las veinte Emperatrices Asyndane así como sus aliados Mannenskyn y Elfeyds se vieron enfrentados, y todo el continente de Lauressia se cubrió con cadáveres y fuego.
La ancestrál tierra de Lauressia estaba dividido en tres partes, Enmyria, Magonía y Thyrania.
Enmyria era regido por la ilustre coalición de Idunn, Aglae, Eufrosyn, Hermynd, Galatea, Clotos y Mnemosyn.
Las ciudades de Enmyria eran perfectos modelos de armonía, arte y belleza, las Siete Señoras de la Luz habían unido esfuerzos por crear ciudades sublimes, de luz y pureza.
Las capitales de plata, cristal y mármol de Enmyria eran recorridas solo por Asyndane, y los Mannenskyn rara vez eran aceptados en dichas sociedades, había que ser un artista sublime, un conservador exquisito o un artesano ingenioso para poder ser de valor en los reinos Enmyrios, donde lo que más se valoraba era el ingenio y la sensibilidad de sentidos.
Magonía era el reino mecanizado de las señoras de la frauga y la alquimia, Hegemone, Alecto, Láquesys, Megera, Tysiphone, Empusa y Eurídice. Las gobernantes Asyndane habían mezclado a sus conocimientos de alta magia, conjuros y mancias, los conocimientos que los mannenskyn poseían de la mecánica, la alquimia y la fragua se combinaron con el metál y la matemática.
Ahora florecía a una velocidad enorme, las ciudades Magónicas eran recorridas por ingeniosas máquinas que usaban el principio del vapor.
Cualquiera era bienvenido en Magonía, pues las señoras poseían una idea más progresista y laborál, creían que cualquiera que pudiese servir en alguna labor mental o manuál era útil a su sociedad.
Y por último, el imperio terrible y salvaje de Thyrania, un páramo terrible regido por las crueles señores de la guerra Átropos, Fórcida, Nemesyn, Silfyd, Dyan y Persephone.
En Thyrania, regía la ley del mas fuerte, las hordas de asaltantes, bandidos, asesinos y secuestradores recorrían las tortuosas callejuelas de las ciudades opresivas y claustrofóbicas llenas de casas mal construidas.
No había poesía en aquel reino tenebroso, las elitistas señoras Asyndane que regían aquella región no compartían la gloria, los asesinatos e intrigas eran corrientes, y las Asyndane de Thyrania vivian en medio de lujos y bajezas, una raza decadente y ciega que amaba la tortura y la esclavitud.
Decenas de pueblos esclavizados trabajaban servilmente sin mas gratitud que la del látigo para las ilustres señoras.
Durante largos siglos las veinte longevas y siempre jóvenes emperatrices rigieron sin interferir con los reinos ajenos a su coalición.
Y crecieron en belleza, progreso y brutalidades, y con el paso de los siglos nació entre las emperatrices, semillas de dicensión.
Átropos ocasionalmente solía invadir las tierras fronterizas, saquear y esclavizar a sus habitantes.
Aquello molestaba  A Aglae y a las ilustres señores de Enmyria, hasta que, cansada de aquello decidió enviar espías para informarse de lo que Átropos y sus demas hermanas habían hecho con Thyrania, las tierras que el primer Emperador Asyndane Mizarión les había heredado milenios atrás.
Pero el Emperador dormía en algún lugar desconocido e ignorado, no podía corregir a Átropos, así que debía ser ella quien detuviera los excesos de su demente hermana mayor.
Por medio de sus espías, Aglae supo que Átropos había instaurado un culto sangriento y terrible, por medio de hechicerías e invocaciones con la sangre como conductor, Átropos había creado ejercitos autenticos de seres brutales, así como haber creado a través de los siglos, varias razas esclavas Asyndane hibridas... Colosales amazonas que, bajo el yugo de su creadora, erigían extraños megalitos titánicos para los ritos a los que Átropos y sus aliadas se entregaban.
Aglae aborreció a su hermana por pervertir la elevada magia Asyndane en una versión bastarda y aqueróntica necromancia mannenskyn.
Así que mandó embajadores Asyndane de Ulvyria, el reino donde tenía su capitál Aglae, hasta la maldita ciudad de L'Ar con el fin de que Átropos pudiera someterse a sus hermanas y ser liberada de las tinieblas que empezaban a cegarla.
La respuesta de la sangrienta emperatríz fue obvia. Defenestró a los ministros de Aglae desde la torre mas alta de L'Ar hacia los barrancos de la Montaña de los Ecos.
Aglae, fúrica juró vengarze de aquella afrente y envió, en vez de embajadores, un destacamento de guerreros Vaysinden a L'Ar, una expedición punitiva que buscaba apresar a Átropos y tomar las riendas de Thyrania y darle a sus oprimidos y esclavizados habitantes una mejor vida.
Pero Walfery, general Asyndane a cargo de la expedición encontró la ciudadela de L'Ar arrasada y vacía... Nada nos hablaba de lo que pudiera haber ocurrido y nada contaron sus silenciosas callejuelas y avenidas a los soldados Ulvéricos.
Pocas semanas luego de estos incidentes, las tierras de Enmyria comenzaron a ser invadidas por hordas salvajes de colosales guerreras, eran esclavas de Átropos, descendientes Asyndane esclavizadas que asolaban Enmyria por orden de Átropos, la emperatríz les había prometido la libertad a cambio de diezmar las tierras Enmyricas.
Estas bandas salvajes pronto fuero conocidas como las errantes... Las Logressians.
Ésta es la historia del primer choque de dos imperios y de los resultados que la ciega ambición suele marcar con fuego en aquellos que se dejan llevar por la voz del demonio.
Ulvyria, una de las ciudades sagradas de Enmyria, punto de reunión del consejo de las siete, sentadas ante una mesa circular, las emperatrices se miraban mientras escuchaban el reporte de lo que Walfery encontró en L'Ar.
Idunn, de hermoso rostro marfileo miraba con sus melancólicos ojos verdes como Aglae explicaba la necesidad de parar la locura de Átropos y liberar Thyrania, por la fuerza si era necesario, Hermynd, segundogénita de Mizarión la miraba contrariada, la majestuosa  Asyndane conocía lo que su hermana podía llegar a hacer.
~ Debemos, por tanto, acabar con las huestes invasoras e iniciar un contraataque para pacificar a nuestra confundida hermana.
Las siete señoras lucían sus estilizadas ropas de diseño Asyndane en azul y blanco, pero sólo Aglae, de figura andrógina y rostro angelical, de mirada dura de aguas azules y largos cabellos de un negro intenso lucía su armadura en plata con destellos en azul cobalto.
~ ¿Tan pronto y ya te alistaste para la guerra? - preguntó Hermynd.
La apariencia regia de Hermynd era mas de una sabia magistrada que de guerrera, pero sabía imponer su voluntad cuando lo creía conveniente.
Vestía una larga túnica blanca con un peto azul y hombreras, sus cabellos dorados estaban coronados por una tiara dorada con gemas purpureas y escarlatas, sus ojos color miel evitaban mirar a Aglae.
~ No puedo ignorar que nuestra gente está siendo brutalmente saqueada y violentada en nuestras propias fronteras por una desalmada banda de asesinas.
Aglae sostuvo la mirada de Hermynd. Idunn por su lado las miraba cada vez mas inquieta. Eufrosyn meditaba con los ojos cerrados en las palabras de Aglae, Galatea de las tierras sombrías y heladas había sufrido ataques en Eromian, su ciudad imperial, Clotos y Mnemosyn por su parte apoyaban en silencio a Hermynd, no deseaban iniciar una guerra, menos contra Átropos, de las emperatrices, solo Aglae tenía el temple de plantarle cara a la primogénita de las Asyndane, mientras que algunas de sus hermanas consideraban su temeridad como insensatéz, otras la admiraban por el coraje que demostraba.
Pero Átropos también era apoyada por varias emperatrices, aquello podía terminar en algo muy grave si no se manejaba con tacto.
Pero para Aglae había llegado el tiempo de la retribución, si sus hermanas no la apoyaban estaba dispuesta a enfrentarse a Átropos, sola si era necesario, despues de todo, contaba con varios aliados, reyes Mannenskyn y Elfeyds.
~ Detendremos a los invasores... Pero antes de atacar Thyrania, debemos ser prudentes, una cosa a la vez, expulsemos a las Logressians y después decidiremos qué hacer con nuestra hermana mayor.
Hermynd enfatizó las ultimas palabras para que Aglae supiera que no debía ser imprudente. Pero la emperatríz había trazado un plan de varios años para derrocar a Átropos, ahora era cuando se presentaba la oportunidad, y Aglae conocía el caracter belico de su hermana mayor, sabía que si Aglae le declaraba la guerra, Átropos se alzaría con furia y sed de sangre.
Pero la chica de alba piel y feroces ojos no le temía, jamás le había temido...

~ Tengo una capitana hábil que se ofrece acabar con la amenaza Logressian, Aldúmene, guerrera de Ulveria, ha demostado su valía durante las campañas contra los Sylferis, los invasores provinientes de Gond... Gracias al valor de esta guerrera, los sylferis no desembarcaron cerca de Lauressia... Y fueron hundidos en las olas del mar. - dijo Aglae con solemnidad.

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