Lauressia, La Tierra Ancestrál
BAAL FAUSTO ARAMIZAÉL KURIOZ
Cuenta la crónica
de Norión, que durante los primeros milenios de vida en éste sistema cósmico,
el planeta rondaba oscuro, deshabitado y sin nombre en su silenciosa órbita,
nada alteraba la inamovible quietud de aquél paramo siniestro.
Hasta que, un día,
cuatro resplandores llegaron desde desconocidas negruras ultra cósmicas.
Ellos eran los
cuatro hijos del cielo...
Llegaron separados
por guerras en algún desconocido sistema estelar, y con ellos, llegó al mundo
La Guerra.
Ellos eran sabios y
cada uno sojuzgó una sección de aquél mundo apenas moldeado. Las criaturas que
habitaban aquellas estepas habían llevado una evolución tranquila e imparable.
Con ayuda de
desconocidos rituales y hechizos, los Señores moldearon criaturas consientes y,
abandonando a las que no mostraban adaptación, crearon ejércitos terribles, y
los primeros poblados comenzaron a ser erigidos.
No sólo ilustraron
a esos primeros seres en las artes bélicas, también enseñaron agricultura,
perfeccionaron técnicas de caza y pesca, y las primeras sociedades vivían tanto
protegidas por sus ejércitos, como bien aprovisionadas por los trabajadores.
Enseñaron el arte,
escultura, escritura, canto y poesía así como la música y el teatro.
Durante algunos
siglos, la tensión creció pues los choques continuos por terrenos mejores de
cosecha o zonas estratégicas militares llevaron a una inevitable guerra.
Mizarión, Emperador
de las tierras del Norte bautizó sus dominios como Lauressia.
Lauressia era un
continente frío y obscuro la mayor parte del año, lo cual no es de extrañar
pues la estrella de procedencia del cruel Emperador, era fría, fue Mizarión
también quien usó sus artes rúnicas para moldear la forma y mente de la raza
Mannenskyn, los hombres.
Burdigaard, señor
de Absyx, la tierra negra del sur, cuyas costas estaban cubiertas por arena
gris obscuro ardiente.
Las tierras
indómitas de Absyx eran habitadas por seres ígneos y pétreos, seres que ya
existían ahí cuando Burdigaard llegó de los abismos del cielo.
Con las artes negras
y conjuros terribles, Burdigaard dotó a los Ignes Fatuis de forma moldeable y
auto reservable, y los demonios de fuego supieron lo que era la cohesión.
Tallaron en rocas
hirvientes, símbolos de poder y horror, erigieron palacios horridos y blasfemos
templos en las entrañas incandescentes de la tierra de Absyx, y conocieron la
ambición y estrategia, ciegos por las palabras de poder y sabiduría del hijo
del cielo, los Absedios primordiales elevaron los puños y armas contra el reino
del norte, y Burdigaard sonrió, pues anhelaba derramar la sangre de Mizarión.
Elthariz, la
Emperatríz de Etheria, el neblinoso continente del éste.
La Emperatriz
eligió las tierras de Etheria por sus elevadas montañas, altos bosques
ancestrales y las criaturas que los habitaban, tanto hermosas como salvajes,
con las elevadas ceremonias luminosas y la sabiduría de su estrella origen,
Etheria conoció las primeras comunidades organizadas. Seres elementales se
Alzaron y, con sabiduría y prudencia... Lograron alzar ciudades en las que
convivían en armonía perfecta con el entorno mágico y místico que rodeaba a
aquellos hermosos habitantes de silenciosas costumbres y hermosos cantos.
Los Ethérians eran
de costumbres sencillas, pero artísticas, sus ciudades eran armonías sublimes
de arte y sencillez.
El conocimiento
ancestral y las artes de genio y creatividad eran las ambiciones de los
Ethérians, despreciaban el dinero y riquezas y jamás se alejaban de sus
comunidades cada vez mas florecientes de artes y ciencias.
Y por último está
Slangdorher, el sanguinario devorador de imperios, sus seguidores provenían de
lugares ignotos, de hecho, los tres emperadores restantes atestiguarían que
seres de toda la tierra llegarían a unirse a sus filas...
Estalló, y pocos
saben las causas, un cataclismo terrible que separó a Lauressia de Gond,
quedando muchas áreas de Gond bajó las aguas de un mar primigenio lleno de
demonios marinos que ya existían en las aguas cuando los Cuatro llegaron del
Cielo.
El señor de Absyx
declaró la guerra contra el emperador de Lauressia y dos cuartas partes del
mundo habitado chocaron, los Ethérians aislaron su reino en lugares neblinosos
habitados por espíritus y sortilegios que lo hacen casi innencontrable salvo
para poquísimos elegidos.
Y Slangdorher se
alzó sigilosamente, y en una noche de terror y muerte, el reino ígneo de Absyx
cambió de manos, y Slangdorher se declaró, señor de lo que ahora conocemos como
la desolada tierra de Gond.
Mizarión se
enfrentó a Slangdorher con las fuerzas disminuidas, numerosas hordas conformaban un ejército abrumador y
poderoso ante los pequeños Mannenskyn de frágiles cuerpos.
Pero los Mannenskyn
poseían un ingenio sin igual, y sobre todo, unidad.
Los ejércitos de
Gond avanzaron con paso firme contra Lauressia, pero los rigores del frío y las
montañas heladas hicieron mella.
Miles de guerreros
del cálido sur sucumbieron en los yermos helados, desiertos desoladores de
vacíos y blancos, ya de hambre, de congelamiento, o simplemente ejecutados por
los mannenskyn que, cual carroñeros, los aguardaban hasta verlos disminuidos
para actuar.
Poderosos colosos
terminaron colgados en honor a Mizarión en las albas montañas.
Slangdorher sufrió
su primera, terrible y única derrota a manos del Emperador Mizarión, Lauressia
y los demas continentes fueron entonces dominados por un solo señor, y los
Mannenskyn lo adoraron como Gran Dios Conquistador Supremo.
Fue él, el padre de
las veinte Emperatrices Asyndane, dividió su reino con sus hijas y las dejó a
crear una sociedad como jamás habíase visto ninguna.
Pero Burdigaard,
Elthariz y Slandgdorher maldijeron su estirpe, sus espiritus, caídos y errantes
viajaron a través de las eras, y en sus tumbas, aguardaron que el descuido de
Mizarión les diera la oportunidad que buscaban.
Ésta, y no otra, es
la historia de el alzamiento y caída del imperio olvidado Asyndane, de sus
veinte Reinas y de su maldito Emperador, el rey caído.
El primer año de
desgracia para los imperios Asyndane fue de desconcierto y temor, el
derramamiento de sangre fue tal, que varias villas, pueblos, aldeas y hasta
grandes ciudades fueron arrasadas.
Las veinte
Emperatrices Asyndane así como sus aliados Mannenskyn y Elfeyds se vieron
enfrentados, y todo el continente de Lauressia se cubrió con cadáveres y fuego.
La ancestrál tierra
de Lauressia estaba dividido en tres partes, Enmyria, Magonía y Thyrania.
Enmyria era regido
por la ilustre coalición de Idunn, Aglae, Eufrosyn, Hermynd, Galatea, Clotos y
Mnemosyn.
Las ciudades de
Enmyria eran perfectos modelos de armonía, arte y belleza, las Siete Señoras de
la Luz habían unido esfuerzos por crear ciudades sublimes, de luz y pureza.
Las capitales de
plata, cristal y mármol de Enmyria eran recorridas solo por Asyndane, y los
Mannenskyn rara vez eran aceptados en dichas sociedades, había que ser un
artista sublime, un conservador exquisito o un artesano ingenioso para poder
ser de valor en los reinos Enmyrios, donde lo que más se valoraba era el
ingenio y la sensibilidad de sentidos.
Magonía era el
reino mecanizado de las señoras de la frauga y la alquimia, Hegemone, Alecto,
Láquesys, Megera, Tysiphone, Empusa y Eurídice. Las gobernantes Asyndane habían
mezclado a sus conocimientos de alta magia, conjuros y mancias, los
conocimientos que los mannenskyn poseían de la mecánica, la alquimia y la
fragua se combinaron con el metál y la matemática.
Ahora florecía a
una velocidad enorme, las ciudades Magónicas eran recorridas por ingeniosas
máquinas que usaban el principio del vapor.
Cualquiera era
bienvenido en Magonía, pues las señoras poseían una idea más progresista y
laborál, creían que cualquiera que pudiese servir en alguna labor mental o
manuál era útil a su sociedad.
Y por último, el
imperio terrible y salvaje de Thyrania, un páramo terrible regido por las
crueles señores de la guerra Átropos, Fórcida, Nemesyn, Silfyd, Dyan y
Persephone.
En Thyrania, regía
la ley del mas fuerte, las hordas de asaltantes, bandidos, asesinos y
secuestradores recorrían las tortuosas callejuelas de las ciudades opresivas y
claustrofóbicas llenas de casas mal construidas.
No había poesía en
aquel reino tenebroso, las elitistas señoras Asyndane que regían aquella región
no compartían la gloria, los asesinatos e intrigas eran corrientes, y las
Asyndane de Thyrania vivian en medio de lujos y bajezas, una raza decadente y
ciega que amaba la tortura y la esclavitud.
Decenas de pueblos
esclavizados trabajaban servilmente sin mas gratitud que la del látigo para las
ilustres señoras.
Durante largos
siglos las veinte longevas y siempre jóvenes emperatrices rigieron sin
interferir con los reinos ajenos a su coalición.
Y crecieron en
belleza, progreso y brutalidades, y con el paso de los siglos nació entre las
emperatrices, semillas de dicensión.
Átropos
ocasionalmente solía invadir las tierras fronterizas, saquear y esclavizar a
sus habitantes.
Aquello
molestaba A Aglae y a las ilustres
señores de Enmyria, hasta que, cansada de aquello decidió enviar espías para
informarse de lo que Átropos y sus demas hermanas habían hecho con Thyrania,
las tierras que el primer Emperador Asyndane Mizarión les había heredado
milenios atrás.
Pero el Emperador
dormía en algún lugar desconocido e ignorado, no podía corregir a Átropos, así
que debía ser ella quien detuviera los excesos de su demente hermana mayor.
Por medio de sus
espías, Aglae supo que Átropos había instaurado un culto sangriento y terrible,
por medio de hechicerías e invocaciones con la sangre como conductor, Átropos
había creado ejercitos autenticos de seres brutales, así como haber creado a
través de los siglos, varias razas esclavas Asyndane hibridas... Colosales
amazonas que, bajo el yugo de su creadora, erigían extraños megalitos titánicos
para los ritos a los que Átropos y sus aliadas se entregaban.
Aglae aborreció a
su hermana por pervertir la elevada magia Asyndane en una versión bastarda y
aqueróntica necromancia mannenskyn.
Así que mandó
embajadores Asyndane de Ulvyria, el reino donde tenía su capitál Aglae, hasta
la maldita ciudad de L'Ar con el fin de que Átropos pudiera someterse a sus
hermanas y ser liberada de las tinieblas que empezaban a cegarla.
La respuesta de la
sangrienta emperatríz fue obvia. Defenestró a los ministros de Aglae desde la
torre mas alta de L'Ar hacia los barrancos de la Montaña de los Ecos.
Aglae, fúrica juró
vengarze de aquella afrente y envió, en vez de embajadores, un destacamento de
guerreros Vaysinden a L'Ar, una expedición punitiva que buscaba apresar a
Átropos y tomar las riendas de Thyrania y darle a sus oprimidos y esclavizados
habitantes una mejor vida.
Pero Walfery,
general Asyndane a cargo de la expedición encontró la ciudadela de L'Ar
arrasada y vacía... Nada nos hablaba de lo que pudiera haber ocurrido y nada
contaron sus silenciosas callejuelas y avenidas a los soldados Ulvéricos.
Pocas semanas luego
de estos incidentes, las tierras de Enmyria comenzaron a ser invadidas por
hordas salvajes de colosales guerreras, eran esclavas de Átropos, descendientes
Asyndane esclavizadas que asolaban Enmyria por orden de Átropos, la emperatríz
les había prometido la libertad a cambio de diezmar las tierras Enmyricas.
Estas bandas
salvajes pronto fuero conocidas como las errantes... Las Logressians.
Ésta es la historia
del primer choque de dos imperios y de los resultados que la ciega ambición
suele marcar con fuego en aquellos que se dejan llevar por la voz del demonio.
Ulvyria, una de las
ciudades sagradas de Enmyria, punto de reunión del consejo de las siete,
sentadas ante una mesa circular, las emperatrices se miraban mientras
escuchaban el reporte de lo que Walfery encontró en L'Ar.
Idunn, de hermoso
rostro marfileo miraba con sus melancólicos ojos verdes como Aglae explicaba la
necesidad de parar la locura de Átropos y liberar Thyrania, por la fuerza si
era necesario, Hermynd, segundogénita de Mizarión la miraba contrariada, la
majestuosa Asyndane conocía lo que su
hermana podía llegar a hacer.
~ Debemos, por
tanto, acabar con las huestes invasoras e iniciar un contraataque para
pacificar a nuestra confundida hermana.
Las siete señoras
lucían sus estilizadas ropas de diseño Asyndane en azul y blanco, pero sólo Aglae,
de figura andrógina y rostro angelical, de mirada dura de aguas azules y largos
cabellos de un negro intenso lucía su armadura en plata con destellos en azul
cobalto.
~ ¿Tan pronto y ya
te alistaste para la guerra? - preguntó Hermynd.
La apariencia regia
de Hermynd era mas de una sabia magistrada que de guerrera, pero sabía imponer
su voluntad cuando lo creía conveniente.
Vestía una larga
túnica blanca con un peto azul y hombreras, sus cabellos dorados estaban
coronados por una tiara dorada con gemas purpureas y escarlatas, sus ojos color
miel evitaban mirar a Aglae.
~ No puedo ignorar
que nuestra gente está siendo brutalmente saqueada y violentada en nuestras
propias fronteras por una desalmada banda de asesinas.
Aglae sostuvo la
mirada de Hermynd. Idunn por su lado las miraba cada vez mas inquieta. Eufrosyn
meditaba con los ojos cerrados en las palabras de Aglae, Galatea de las tierras
sombrías y heladas había sufrido ataques en Eromian, su ciudad imperial, Clotos
y Mnemosyn por su parte apoyaban en silencio a Hermynd, no deseaban iniciar una
guerra, menos contra Átropos, de las emperatrices, solo Aglae tenía el temple
de plantarle cara a la primogénita de las Asyndane, mientras que algunas de sus
hermanas consideraban su temeridad como insensatéz, otras la admiraban por el
coraje que demostraba.
Pero Átropos
también era apoyada por varias emperatrices, aquello podía terminar en algo muy
grave si no se manejaba con tacto.
Pero para Aglae
había llegado el tiempo de la retribución, si sus hermanas no la apoyaban
estaba dispuesta a enfrentarse a Átropos, sola si era necesario, despues de
todo, contaba con varios aliados, reyes Mannenskyn y Elfeyds.
~ Detendremos a los
invasores... Pero antes de atacar Thyrania, debemos ser prudentes, una cosa a
la vez, expulsemos a las Logressians y después decidiremos qué hacer con
nuestra hermana mayor.
Hermynd enfatizó
las ultimas palabras para que Aglae supiera que no debía ser imprudente. Pero
la emperatríz había trazado un plan de varios años para derrocar a Átropos, ahora
era cuando se presentaba la oportunidad, y Aglae conocía el caracter belico de
su hermana mayor, sabía que si Aglae le declaraba la guerra, Átropos se alzaría
con furia y sed de sangre.
Pero la chica de
alba piel y feroces ojos no le temía, jamás le había temido...
~ Tengo una
capitana hábil que se ofrece acabar con la amenaza Logressian, Aldúmene,
guerrera de Ulveria, ha demostado su valía durante las campañas contra los
Sylferis, los invasores provinientes de Gond... Gracias al valor de esta
guerrera, los sylferis no desembarcaron cerca de Lauressia... Y fueron hundidos
en las olas del mar. - dijo Aglae con solemnidad.

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