Las MutacionesLibro Tercero - Dies
Irae
"Lacrimosa dies
illae, quam resurget ex favilla, iudicandus homo reus, huic ergo parce
Deus"
Dies Irae - Giusseppe
Verdi

Introitum: De
Profundis
Hay de mí, Noche
infinita
temo a Lemuria en los
abismos desolados
del fondo del océano.
¡De las náyades
vampirizadas!
por las Lamias
bautizadas.
Temo abrazar la
prisión que con tanto amor,
cuán apasionada
ternura en su trazo
Que se crearon
llamado Lemuria.
Temo tener por camisa
de fuerza
la fantasía, de celda
acolchada,
eternos jardines de
la tierra de Mu.
Mis celadoras; ninfas
que participan
en los psicodramas
neuróticos
de mi fantasía
enferma.
¡Nox Aeterna, de
profundis clamavi ad tuum!
Cárcel de ángeles
eróticos,
demonios de tristes
romances.
¡Oh, puertas fatáles
e inevitables
a las que corro a
encontrar
como enamorado Don
Quijote demente
Tras la onírica
figura élfica de Dulcinea inalcanzable!
I
Animadventuntur in
tenebris
voz latina que no
advierte
del peligro que
acecha en el magueyál
¡El tío, fue el tío
que no perdona!
Hículi Hualulá, voz
huichola
vedada a todos, salvo
al granizero.
Sudor adrenalizado
en ciudad de ángeles
podridos.
¡Ah, sombra en las
sombras replegadas!
Animdventuntur in
tenebris.
II
La Mutación del amor,
La antropófaga
despertó
al amanecer, su
vientre henchido a reventar
devoró a su amante
para que éste baile
con ella
la danza de los jugos
gástricos con pies etéreos.
"Era un noble y
virtuoso páscola,
bailaba bien con los
del aire".
Ahora creará la
poesía del cuerpo.
Cuando abandone a su
amante voráz
será él y no ella
quien quede reducido
a pequeñas partículas
de mierda".
III
La mutación
sacrílega,
cuchillos en los
pies,
costado rajado en
canál,
navajas cutter en las
manos.
Dos adictos se juegan
su gabardina
colgado en un poste
de luz
murió Ecce Homo
In pax requiescat.
IV
La mutación del sueño
a pesadilla
veladoras en el río
vixilia ante el
cadáver familiar,
hocico de gato muerto
escurre líquidas
blasfemias,
mil cadáveres de
santos
bailando alegremente
la balada de la
licuefacción
dentro del tonel del
odio.
Mientras el soñador
sonríe extrañado
ante el duro trabajo
de la pesadilla.
V
La mutación de la
insanía.
Niño mongólico
marcando
en un viejo tambor
(ropoponpón)
La Marcha negra del
fin del mundo.
Niña contemplando en
terror
con intensidad
demente
con lágrimas y orina
corriedo,
por mejillas y
piernas
al contemplar
el rostro de su
hermana
muerta al nacer hacia
un año,
Y mira la pobre niña
Su rostro
reflejado...
en el iris de su
hermana sin ojos.
VI
Velocidad en mutación
Gesto digno de
lástima el ver,
¡Espectáculo
increíble!
Anciano volando a
vertoginosa velocidad,
recorre kilometros
moleculares,
mula de hocico roto
en suelo pedregoso...
y vuela, a la infamia
parecido,
trazando blasfemas
constelaciones
de la desconocida
tonatzin,
sangre escurre en el
tintero.
Viejo de rostro
aterrado...
tres planetas despues
raudo se apresura al
suelo
a contemplar qué hay
más allá de la esquina.
VII
Mundana mutación
mundial
el mundo se deshace
en sangre, lodo y polvo.
Hileras de niños,
todos deformes
arrastran su andar
hacia un monstruo
¡Ah! Que vomita carne
gangrenada
en sus secas y
hambrients gargantas.
¡Oh, lodo
apocalíptico!
Vidente ciega mirando
Las desgracias
futuras,
arrancándose a los
pies del tzompantli
la lengua a
mordiscos.
No revelará el
secreto de la locura.
VIII
La mutación del
suicidio
Un mono desquiciado
yace olvidado
Y hambriento
en la esquina de su
jaula.
Los globos oculares
botados de las cuencas del cráneo,
piensa con disimulo
frustrado
en la muerte
devorando los dedos
de sus manos.
IX
Arabescos rojos
manchan la gasa
en la muñeca del
poseso
qie sonríen extrañado
en las noches
frías e infinitas
Noches en que
luna tras luna,
canta Diana a
Artemiza
baladas de amor,
de locura y de
muerte.
¡Oh, una de aquellas
lunas!
Un triste gato en
celo
declama poesías a tu
aliento.
Cordones umbilicales
penden de los dedos
trémulos de la luna,
sujetan del cuello
cientos de fetos que,
asfixiandose sonríen
extrañados
al contemplar con
ojos sangrientos,
la trémula mirada del
poseso
que es la sombra
del extraño de la
capa negra...
Un guardia pasa
cerca del poseso,
el cual se petrifica
al mirar
un rostro lupino
mirándolo fijamente,
arabescos rojos
en sus ojos.
X
La mutación familiar,
al fin, toda la
familia reunida,
madre, padre, hijos y
los espiritus insan(t)os
fluctuando sobre la
mesa
transmutados en
enjoyadas moscas verdesmeralda.
Dulce olor a muerte
las llama
y las condena al
purgatorio de la mesa.
¡Ay de la hija mas
pequeña!
Al abrir la puerta y
entrar
y encontrar sentados
a la mesa
a la familia
completa,
tiernamente,
acariciando entre sus piernas
sus cercenadas
cabezas
que le sonríen
extrañadas
enseñando la lengua.
XI
Epílogo
La sombra ríe a
carcajada abierta,
Oh, estupidez de los
que sin verla la ven,
sonríe, sonríe el
extraño de la capa negra...
al escuchar el raro
rezo de los nahuales ciegos,
que entonan baladas
discordes
frente al portón de
la casa.
Bajo las farolas,
sonríe la llorona
grostescamente y con
los ojos bien abiertos
y desorbitados.
Risas en la nopalera
un pequeño ríe entre
los cañaverales
hasta que ve de
pronto,
como en un mal sueño
la sonrisa del que
camina tras los cerros...
la noche de octubre
se traga hasta el silencio,
y las risas entre las
milpas.
Los arrieros cuentan
que una noche de octubre
pudieron presenciar
los saltos
vertiginoso de
"algo" que surcaba el aire.
Creyendo ver, en las
zarpas infames
algo debatiendose,
algo vivo
lo que haya sido,
sigue aquí, en la nopalera.
XII
La mutación mortál
pústulas gangrenadas,
pus fluyendo en
lágrimas
por calles cálidas,
ruedan leprosos
caídos en desgracia.
Monstruos podridos
ignorando aullidos,
moscardones verdes
en las noches
silentes.
Muerte lenta
Cadáver pútrido
de horrible hato
cuyo redíl
descarriado
es siempre devorado
por jaurías
hambrientas
de poetas obscuros.
En los cielos
bienamados
del éter estrellado
contemplo mil
cadáveres desollados.
¡Oh, celestiál
laberinto!

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