sábado, 11 de abril de 2015

Las Mutaciones, Libro Tercero - Dies Irae

Las MutacionesLibro Tercero - Dies Irae



"Lacrimosa dies illae, quam resurget ex favilla, iudicandus homo reus, huic ergo parce Deus"

Dies Irae - Giusseppe Verdi


Introitum: De Profundis

Hay de mí, Noche infinita
temo a Lemuria en los abismos desolados
del fondo del océano.
¡De las náyades vampirizadas!
por las Lamias bautizadas.
Temo abrazar la prisión que con tanto amor,
cuán apasionada ternura en su trazo
Que se crearon llamado Lemuria.
Temo tener por camisa de fuerza
la fantasía, de celda acolchada,
eternos jardines de la tierra de Mu.
Mis celadoras; ninfas que participan
en los psicodramas neuróticos
de mi fantasía enferma.
¡Nox Aeterna, de profundis clamavi ad tuum!
Cárcel de ángeles eróticos,
demonios de tristes romances.
¡Oh, puertas fatáles e inevitables
a las que corro a encontrar
como enamorado Don Quijote demente
Tras la onírica figura élfica de Dulcinea inalcanzable!

I

Animadventuntur in tenebris
voz latina que no advierte
del peligro que acecha en el magueyál
¡El tío, fue el tío que no perdona!
Hículi Hualulá, voz huichola
vedada a todos, salvo al granizero.
Sudor adrenalizado
en ciudad de ángeles podridos.
¡Ah, sombra en las sombras replegadas!
Animdventuntur in tenebris.

II

La Mutación del amor,
La antropófaga despertó
al amanecer, su vientre henchido a reventar
devoró a su amante
para que éste baile con ella
la danza de los jugos gástricos con pies etéreos.
"Era un noble y virtuoso páscola,
bailaba bien con los del aire".
Ahora creará la poesía del cuerpo.
Cuando abandone a su amante voráz
será él y no ella quien quede reducido
a pequeñas partículas de mierda".

III

La mutación sacrílega,
cuchillos en los pies,
costado rajado en canál,
navajas cutter en las manos.
Dos adictos se juegan su gabardina
colgado en un poste de luz
murió Ecce Homo
In pax requiescat.

IV

La mutación del sueño a pesadilla
veladoras en el río
vixilia ante el cadáver familiar,
hocico de gato muerto
escurre líquidas blasfemias,
mil cadáveres de santos
bailando alegremente
la balada de la licuefacción
dentro del tonel del odio.
Mientras el soñador sonríe extrañado
ante el duro trabajo de la pesadilla.

V

La mutación de la insanía.
Niño mongólico marcando
en un viejo tambor
(ropoponpón)
La Marcha negra del fin del mundo.
Niña contemplando en terror
con intensidad demente
con lágrimas y orina corriedo,
por mejillas y piernas
al contemplar
el rostro de su hermana
muerta al nacer hacia un año,
Y mira la pobre niña
Su rostro reflejado...
en el iris de su hermana sin ojos.

VI

Velocidad en mutación
Gesto digno de lástima el ver,
¡Espectáculo increíble!
Anciano volando a vertoginosa velocidad,
recorre kilometros moleculares,
mula de hocico roto en suelo pedregoso...
y vuela, a la infamia parecido,
trazando blasfemas constelaciones
de la desconocida tonatzin,
sangre escurre en el tintero.
Viejo de rostro aterrado...
tres planetas despues
raudo se apresura al suelo
a contemplar qué hay más allá de la esquina.

VII

Mundana mutación mundial
el mundo se deshace en sangre, lodo y polvo.
Hileras de niños, todos deformes
arrastran su andar hacia un monstruo
¡Ah! Que vomita carne gangrenada
en sus secas y hambrients gargantas.
¡Oh, lodo apocalíptico!
Vidente ciega mirando
Las desgracias futuras,
arrancándose a los pies del tzompantli
la lengua a mordiscos.
No revelará el secreto de la locura.

VIII

La mutación del suicidio
Un mono desquiciado yace olvidado
Y hambriento
en la esquina de su jaula.
Los globos oculares botados de las cuencas del cráneo,
piensa con disimulo frustrado
en la muerte
devorando los dedos de sus manos.

IX

Arabescos rojos
manchan la gasa
en la muñeca del poseso
qie sonríen extrañado
en las noches
frías e infinitas
Noches en que
luna tras luna,
canta Diana a Artemiza
baladas de amor,
de locura y de muerte.
¡Oh, una de aquellas lunas!
Un triste gato en celo
declama poesías a tu aliento.
Cordones umbilicales
penden de los dedos
trémulos de la luna,
sujetan del cuello
cientos de fetos que,
asfixiandose sonríen extrañados
al contemplar con ojos sangrientos,
la trémula mirada del poseso
que es la sombra
del extraño de la capa negra...
Un guardia pasa
cerca del poseso,
el cual se petrifica al mirar
un rostro lupino
mirándolo fijamente,
arabescos rojos
en sus ojos.

X

La mutación familiar,
al fin, toda la familia reunida,
madre, padre, hijos y los espiritus insan(t)os
fluctuando sobre la mesa
transmutados en enjoyadas moscas verdesmeralda.
Dulce olor a muerte las llama
y las condena al purgatorio de la mesa.
¡Ay de la hija mas pequeña!
Al abrir la puerta y entrar
y encontrar sentados a la mesa
a la familia completa,
tiernamente, acariciando entre sus piernas
sus cercenadas cabezas
que le sonríen extrañadas
enseñando la lengua.

XI

Epílogo
La sombra ríe a carcajada abierta,
Oh, estupidez de los que sin verla la ven,
sonríe, sonríe el extraño de la capa negra...
al escuchar el raro rezo de los nahuales ciegos,
que entonan baladas discordes
frente al portón de la casa.
Bajo las farolas,
sonríe la llorona
grostescamente y con los ojos bien abiertos
y desorbitados.
Risas en la nopalera
un pequeño ríe entre los cañaverales
hasta que ve de pronto,
como en un mal sueño
la sonrisa del que camina tras los cerros...
la noche de octubre se traga hasta el silencio,
y las risas entre las milpas.
Los arrieros cuentan que una noche de octubre
pudieron presenciar los saltos
vertiginoso de "algo" que surcaba el aire.
Creyendo ver, en las zarpas infames
algo debatiendose, algo vivo
lo que haya sido, sigue aquí, en la nopalera.

XII

La mutación mortál
pústulas gangrenadas,
pus fluyendo en lágrimas
por calles cálidas,
ruedan leprosos
caídos en desgracia.
Monstruos podridos
ignorando aullidos,
moscardones verdes
en las noches silentes.
Muerte lenta
Cadáver pútrido
de horrible hato
cuyo redíl descarriado
es siempre devorado
por jaurías hambrientas
de poetas obscuros.
En los cielos bienamados
del éter estrellado
contemplo mil cadáveres desollados.
¡Oh, celestiál laberinto!


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